Uno de los problemas que arrastra la escuela es lograr que todo el
alumnado y, al decir todo el alumnado se incluye el segmento de chicos y chicas
que por diversas razones familiares y sociales queda rezagado a lo largo de su
itinerario escolar, logre el éxito académico al igual que el resto de sus
compañeros y compañeras más aventajados.
¿Qué
hace la escuela con este segmento del alumnado cuando tiene dificultades en su
aprendizaje y no sigue el ritmo de la clase ordinaria? La
mayoría de las veces adaptarle el currículum y/o sacarle del aula ordinaria. Ahora
bien, la cuestión a plantear es si, al alumnado que se le adapta el currículum
y/o se le saca del aula ordinaria, logra superar el retraso y las deficiencias
por las que se le asignó a dichos grupos y puede integrarse, posteriormente, en
su grupo de origen en condiciones de igualdad con el resto de compañeros y
compañeras o, por el contrario, ya queda condenado a seguir la escolaridad con
esa desventaja académica, privándolo, no solo, de terminar con normalidad la
educación obligatoria, sino de poder seguir estudios postobligatorios. La
experiencia parece confirmar que a pesar de aplicar medidas de carácter compensatorio,
no se ha logrado variar
significativamente los porcentajes de fracaso que desde hace años viene
arrastrando el sistema educativo.
Quizás sea conveniente recordar que las actuaciones compensatorias se
remontan en nuestro país a 1983 y que posteriormente la LOGSE “se centraba en
establecer una diferenciación previa de niveles asociada a las diferencias en
los contextos socioculturales y obviaba la igualdad de resultados.” [1]
y cuya intención era, que duda cabe, evitar la segregación y la exclusión de
aquel alumnado que presentaba ciertas dificultades y carencias en su
aprendizaje. La LOGSE, no hay que olvidar, se
promulgó en 1990, es decir hace treinta y dos años. Periodo de tiempo más que suficiente para
demostrar la validez y eficacia o la invalidez e ineficacia de dichas medidas.
Sin embargo, no han dado los resultados esperados. Lo que,
simplemente, se demuestra haciendo
el seguimiento de los resultados académicos de cientos de IES durante, por
ejemplo los últimos diez años, para convencerse de que por este camino no se
resuelve el problema.
Por otra parte, la evolución de la sociedad, las investigaciones
educativas y las actuaciones de éxito avaladas por la comunidad científica
internacional están demostrando que dichas medidas, si alguna vez fueron
eficaces, hoy, en el contexto de la sociedad de la información y de la
comunicaron ya no lo son, al no conseguir eliminar la desventaja académica y
capacitar a dicho alumnado, para continuar sus estudios con normalidad y poder
seguir estudios postobligatorios. Lo que
evidencia que, a pesar de la buena voluntad del profesorado en desarrollar
dichos programas, la escuela sigue arrojando porcentajes de fracaso, en comprensión lectora,[2]
y en matemáticas, por hacer alusión a los aprendizajes instrumentales.
Es verdad, que muchas medidas derivadas de las adaptaciones curriculares
han paliado y ayudado, a una parte del alumnado, a lograr alguna mejora en sus
aprendizajes. Pero, también es verdad que en otra parte del alumnado ha
producido el efecto contrario. Lo que demuestra que con dichas medidas no se ha
conseguido que ese segmento de alumnado, en especial el perteneciente a
colectivos vulnerables y con bajos niveles socioeconómicos haya alcanzado el
nivel de sus compañeros y compañeras del aula de procedencia, como año tras año
demuestran los resultados académicos, las pruebas de diagnóstico y el Informe
Pisa. Ante esta realidad habrá que preguntarse ¿No será que este tipo de medidas que se vienen aplicado ponen de
relieve su ineficacia, para atender adecuadamente la diversidad y
heterogeneidad de las aulas?
Ante esta situación la
cuestión que se plantea es ¿Por qué las
medidas de tipo compensatorio que se han puesto en funcionamiento durante tanto
tiempo no han conseguido resultados satisfactorios? Sencillamente, porque se han centrado exclusivamente en el
déficit del alumnado, separándolo,
la mayoría de la veces, de sus
compañeros y compañeras en agrupaciones segregadas del aula ordinaria. Lo
que según las investigaciones científicas conduce a peores resultados. (Valls,
2012) En un estudio dirigido por Oakes[3]
se aprecian la diferencia de las respuestas dadas por el alumnado y profesorado
en función de la pertenencia al
grupo del alumnado aventajado o desaventajado. Una de las preguntas era: ¿Qué
es lo más importante que has aprendido en esta clase? Entre los estudiantes de
los grupos avanzados se obtenían respuestas del siguiente tenor: “He aprendido
a analizar historias que he leído”, “estoy desarrollando una mentalidad
abierta”, “he aprendido a hacer experimentos”. Entre los alumnos de los grupos
menos aplicados las respuestas eran de este tipo: “Me he dedicado a inflar
globos luminosos “ “no he aprendido nada, solo los números romanos”; “he
aprendido que el inglés es aburrido”. No es preciso profundizar mucho para
entender que las agrupaciones de este tipo generan bajas expectativas y
desmotivación tanto, en el alumnado como en el profesorado.
Por
tanto, la solución al
problema, como demuestran las experiencias avaladas
científicamente que, el alumnado procedente de entornos desfavorecidos y
problemas de aprendizaje tiene éxito académico, cuando se aplican medidas que
van precisamente en el sentido contrario. Así lo atestiguan Los programas “Desarrollo
Escolar [School Development Program][4],
las Escuelas Aceleradas [Accelerated Schools][5],
los programas de Éxito para Todos [Success for All)[6]
y en nuestro país el proyecto de Comunidades de Aprendizaje. Todos ellos han demostrado como es
posible superar las deficiencias y el retraso de este segmento del alumnado
haciendo precisamente lo contrario. No
segregando sino incluyendo, confiando plenamente en el alumnado, apostando por aprendizajes de
máximos en vez de bajar
el nivel de aprendizaje y someterlo a un ritmo más lento. Porque, modificar las exigencias académicas,
al adaptar la enseñanza a lo que se considera, son sus posibilidades, lo que
conlleva no es solamente
la
reducción de las
expectativas de los chicos y chicas sino, de todos los implicados en la
educación: profesorado y familias.
Además,
las experiencias de éxito extendidas por todo el mundo muestran que existe otro
ingrediente importante a tener en cuenta si realmente se quiere apostar por una
escuela de todos y para todos. Este sería, el
papel de la familia en los procesos de aprendizaje de sus hijos e hijas.
Papel que difícilmente pueden llevar a cabo las familias, mientras no sean
incorporadas a la participación decisoria, en la vida del centro y a tomar parte en los aprendizajes de sus
hijos e hijas. Todos los programas y proyectos de éxito, demuestran como la
incorporación de las familias a los procesos de aprendizaje son uno de los
elementos clave para que todo el alumnado consiga el éxito educativo. La razón
es muy sencilla. Detrás de la mayoría
del alumnado, al que se le aplican programas de compensación, existe una
desigualdad social. Desigualdad que únicamente se puede corregir en la medida
que se transforme el entorno donde vive el niño y la niña, al hacer partícipe a
las familias y a otras personas adultas de los aprendizajes, tanto dentro como
fuera de la escuela. Además, existen suficientes
investigaciones que demuestran que
el aprendizaje, en la sociedad de la información, no puede circunscribirse
exclusivamente a la escuela. El niño y la niña aprende en todos y cada uno de
los ámbitos en que se mueve: familia, calle, televisión, actividades lúdicas,
etc. Por tanto, para que el aprendizaje, en especial, de los niños y niñas
procedentes de entornos desfavorecidos y alejados de la cultura académica
aumente es preciso conectar e implicar a sus familias y otros agentes
educativos de la comunidad.
Por último, otro aspecto a considerar es el incremento del tiempo de aprendizaje. A más tiempo, el
aprendizaje se intensifica. Precisamente
el programas PROA, es un ejemplo que demuestra que el alumnado que dedica un
tiempo extra, a consolidar el aprendizaje del aula, logra mejorar su
aprendizaje.
Resumiendo:
1.- Es de dominio público que sigue existiendo un porcentaje de más de
una cuarta parte del alumnado que fracasa académicamente, a pesar de haberle
aplicado adaptaciones curriculares o haberlo ubicado en grupos segregados del
aula ordinaria.
2.- La aplicación de medidas de tipo compensatorio, al alumnado
desaventajado, no han sido eficaces en los más de treinta años de su
aplicación, al no conseguir un rendimiento adecuado, y si segregarlos de su
aula ordinaria separándolos de sus compañeros y compañeras y condenándolos al
fracaso.
3.-Existen evidencias científicas y programas consolidados que
demuestran que ese segmento de alumnado desaventajado tiene éxito académico si
en vez de recortarle y rebajarle los objetivos y contenidos como hacen los
programas compensatorios se apuesta por su capacidad y
potencialidad.
4.-La Escuela Pública de todas y
todos, en el contexto de la sociedad de la información, no se puede conformar,
como hasta ahora, con acoger en sus filas a todos los niños y niñas sin
distinción alguna. La Escuela Pública tiene que mostrar, por los resultados,
que su calidad es capaz de acabar con todas aquellas medidas, como las
adaptaciones y las agrupaciones que segregan al alumnado desaventajado de su
aula ordinaria que han demostrado, sobradamente, su ineficacia.
5.-El camino para reducir y eliminar las diferencias entre un tipo de
alumnado y otro es la transformación de la escuela, lo que implica entender que
el aprendizaje no es exclusivo de la escuela, sino de las familias y la comunidad.
Desde esta perspectiva, las familias constituyen un elemento clave para la transformación
del entorno donde vive el niño o niña.
Conclusión:
Mientras se sigan aplicando medidas y recetas que ya ha demostrado su
ineficacia e ignorando aquellas otras que si han demostrado su eficacia y
éxito, la escuela pública no podrá ser la escuela de calidad para todos y
todas.
10 de noviembre de 2013
Ginés Martínez
Coordinador de A. E. Pública Siglo XXI
Referencias bibliográficas
Aubert, A., Flecha, A., Flecha, R., García, C. y Racionero, S. (2008).
Aprendizaje dialógico en la sociedad de la información. Barcelona: Hipatia.
INCLUD-ED (2006-2011).
Strategies for inclusion and social cohesion from education in Europe. Proyecto
integrado, prioridad 7 del VI Programa Marco. Bruselas: Comisión Europea.
Valls, R. (2012). MIXSTRIN. Formas de agrupación del alumnado y su
relación con el éxito escolar: Mixture, streaming e inclusión. Organización y
Gestión Educativa, 20 (2), 30-31.
[1] Revista de Educación, número extraordinario 2012.
Reconfiguración de la educación compensatoria en base a las evidencias
científicas. Actuaciones inclusivas para la igualdad de resultados
[2]Nuevas practicas lectoras de éxito para todos: http://foroeducacionpublica.blogspot.com.es/2013/10/nuevas-practicas-lectoras-de-exito-para.html
y SIN
COMPRENSIÓN LECTORA LA EXCLUSIÓN SOCIAL ESTA GARANTIZADA
[3] Jeannie Oakes, Keeping Track. How Schools
Structure Inequality, New Haven, Yale
University Press, 1985.
Hola, tras la lectura de esta interesante y certera entrada, no puedo reprimir las ganas de enviaros un enlace a la última entrada que subí al blog que publico.
ResponderEliminarEntrada: http://averkpasa.com/director-informe-pisa-lomce-y-wert/
Blog: http://averkpasa.com/ "Ideas y recursos para otra educación." El artículo “Qué pasa en la escuela” realiza un enfoque que supongo interesará en vuestro blog a juzgar por los contenidos en él publicados.
Saludos.